JR

Contraste de estrategia

Contrastar una estrategia es obligarla a elegir

Un contraste externo que pone a la dirección delante de sus propios dilemas, comprueba si lo que declara es lo que financia, y no se cierra hasta que hay decisiones con nombre y fecha.

Es un trabajo de diseño propio: lo diseño, lo coordino y lo conduzco. Nace de haber estado al otro lado —dirigiendo la gestión de organizaciones y sentado en consejos de administración— y de haberlo aplicado después desde fuera, sin responsabilidad ejecutiva y por tanto sin nada que defender.


Cuál es el problema

Casi ninguna organización tiene un problema de estrategia. Tiene un problema de elección: sabe formular bien las alternativas y evita quedarse con una.

El plan estratégico se redacta, se aprueba y se publica. Y aun así, cuando se pone a la organización delante de las disyuntivas que ese plan supuestamente resuelve —masiva o personalizada, generalista o especializada, autónoma o alineada, centralizada o distribuida—, la respuesta que aparece una y otra vez es el punto medio. La ambivalencia se presenta como equilibrio, y suena razonable, porque nadie pierde nada.

El coste llega después, y llega por dos vías. La primera es que lo que no se decide deliberadamente acaba decidiéndolo el presupuesto: el instrumento que reparte el dinero fija los ejes reales, y lo hace sin deliberación, por aritmética. La segunda es que un despliegue sobre una estrategia que no ha elegido produce trabajo técnicamente impecable sobre la pregunta equivocada.

Contrastar es, exactamente, forzar esa elección antes de que la fuerce la caja.

Qué es un contraste y qué no es

Un contraste no es una auditoría, no es un acta de la sesión y no es una enmienda al proceso estratégico que la organización ya tiene en marcha. Tampoco es un plan alternativo escrito desde fuera: nadie que llegue de fuera conoce la institución mejor que quien la gobierna.

Es otra cosa, y más incómoda: confrontar lo que la organización dice de sí misma con lo que su estrategia declara y con lo que su presupuesto financia. Tres fuentes que casi nunca se leen juntas, y cuya distancia es donde está todo el valor.

Los cuatro patrones que el contraste busca

No son hipótesis mías: son los patrones que aparecen con más frecuencia cuando se cruzan esas tres fuentes en una organización grande y deliberativa.

Cómo se hace

El encargo tiene un tronco fijo —análisis previo, jornada, informe— y una profundización opcional en escenarios futuros. Lo que cambia de una organización a otra no es la secuencia, sino los dilemas sobre los que se la pone a elegir.

El instrumento de escenarios futuros

Es la profundización opcional del servicio y la pieza más elaborada. Funciona sobre una consola propia: los participantes responden desde el móvil, la sala ve los resultados en la pared, y nada se liga a personas identificadas. Recorre siete bloques.

El cuadro de vigilancia temprana

Es la parte final del taller y la que decide si todo lo anterior sirve de algo. La sala escribe señales observables asociadas a cada escenario, y de ellas se adoptan unas pocas —cinco o seis, no quince—. Cada una sale con seis columnas:

La exigencia está en la primera columna. Una señal tiene que poder mirarse sin discutirla: un dato, una decisión de un tercero, un cambio de precio. «Aumenta la incertidumbre» no es una señal, es una impresión.

Y conviene decir lo que este cuadro no hace. No vigila nada por sí solo. Es la foto del día del taller: un indicador cambia de estado porque alguien entra y lo cambia, y nadie vuelve a abrir una sesión de taller cinco meses después.

Lo único que sobrevive son las dos columnas de la derecha —el responsable y la fecha de revisión—, y sobreviven en la agenda de esa persona, no en una herramienta. Si nadie sale de la sala con una fecha metida en el calendario del comité, el cuadro es un adorno. Prefiero decirlo aquí que venderlo como un sistema de alerta que no es.

Qué sale del contraste

Qué lo hace distinto

Cruza tres fuentes, no una

Casi todo el contraste estratégico que se vende compara la estrategia consigo misma. El valor está en cruzarla con lo que la organización cree de sí y con lo que de verdad paga.

Trabaja sobre contenido propio

Las sesiones posteriores no arrancan de marcos genéricos, sino del material que la propia organización produjo. Eso es lo que hace que se reconozca en el resultado y no lo archive.

Hay preguntas que no contesto

Decidir si una organización se centraliza o se distribuye es una función de gobierno, no de asesoramiento. El contraste señala la decisión, argumenta por qué es la más determinante y la deja donde tiene que estar.

La inteligencia colectiva no es un adorno

Es el mecanismo. Un rumbo impuesto se cumple mientras dura la atención de la dirección; uno construido por quienes lo van a sostener se queda, porque lo sienten propio.

No interrumpe el proceso propio

Si la organización ya tiene en marcha su plan estratégico, el contraste no lo enmienda: lo somete a tensión y devuelve material para las fases siguientes.

Se dice lo que no salió

Si una mesa no nombró responsables o no puso cifra a lo que propuso, el informe lo dice con esas palabras. Un entregable que redondea los huecos es un entregable que los traslada intactos a la fase siguiente.

Para quién funciona

Cómo se contrata

Qué pone tu organización

Cómo se cierra

El alcance y las condiciones se fijan en una conversación previa, a partir del tamaño de la organización, del número de sesiones y de si el contraste se queda en la jornada o encadena las fases posteriores. Cada encargo se presupuesta sobre eso.

Hablemos de contrastar tu estrategia
Joaquín Romero Roldán · Consejero-asesor independiente joaquinromero.com