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Modelo de liderazgo

Nadie puede ejercer un liderazgo que nadie ha definido

Definir con el equipo de dirección qué significa liderar en esta organización, a quién se llama líder y qué funciones clave tiene que ejercer. Medir después cómo se ejerce hoy, y salir con un programa de capacitación.

Es una metodología de diseño propio: diseño, coordinación y ejecución. Nace de dirigir la gestión de una institución pública desde dentro, donde se aprende que casi ningún problema de mando es de talento y casi todos son de expectativa no dicha.


Cuál es el problema

En casi ninguna organización está escrito qué se espera exactamente de quien dirige un equipo, y sin embargo se evalúa, se promociona y se reprocha como si lo estuviera.

A una persona se la asciende a un puesto de mando por lo bien que hacía el trabajo anterior, que casi nunca es el mismo trabajo. Nadie le dice qué significa liderar aquí, qué responsabilidades le corresponden ahora ni qué comportamientos se van a mirar. Lo aprende por imitación, por ensayo y error, o no lo aprende.

El resultado es un liderazgo que existe pero del que no se puede conversar. Cada mando se inventa el suyo, la dirección echa en falta un liderazgo que no ha definido, y la formación se compra en catálogo, con contenidos que no responden a ninguna carencia medida.

El punto de partida

Un modelo de liderazgo no se compra hecho. Se escribe con las personas que van a tener que ejercerlo.

Los modelos generales de liderazgo existen y son buenos, pero no dicen qué hay que hacer un martes en esta organización. Un modelo sirve cuando el equipo de dirección ha discutido y ha cerrado tres cosas: qué se entiende aquí por liderar, a quién se llama líder y en qué niveles, y qué funciones clave tiene que ejercer. Las tres se acuerdan, no se reciben.

La segunda condición es que el modelo se contraste con quienes lo van a vivir. Un modelo escrito solo por la dirección describe el liderazgo que le gustaría tener; contrastado con el colectivo de mandos, describe el que puede exigir. La distancia entre uno y otro es, literalmente, el programa de capacitación.

Qué contiene el modelo

Son tres piezas, y ninguna de las tres puede darla un consultor por su cuenta. Lo que aporto es el método, el lenguaje y la conducción; el contenido sale del equipo.

Las dos listas que se cruzan

El trabajo de las funciones clave parte de dos inventarios: uno de responsabilidades (lo que hay que hacer) y otro de competencias (cómo hay que ser para hacerlo). No entran las dos enteras. El trabajo consiste en elegir las pocas que de verdad importan en esta organización y descartar el resto por escrito, que es lo que convierte una lista en un modelo.

Doce responsabilidades de gestión

Desarrollar y desplegar la visión, los valores y la estrategia · Alinear al equipo con los objetivos de la organización · Comunicar decisiones, objetivos e información importante · Adoptar las decisiones que corresponden a su ámbito · Planificar y organizar las tareas de las personas del equipo · Definir las expectativas de cada puesto · Fomentar el trabajo en equipo · Realizar feedback de mejora a las personas del equipo · Fomentar la proactividad y la autonomía · Favorecer la gestión del cambio en el equipo · Representar a la organización ante grupos de interés internos y externos · Favorecer la relación entre departamentos o unidades

Dieciocho competencias

Generosidad y trabajo en equipo · Comunicación · Planificación y organización · Negociación y mediación · Iniciativa · Flema y toma de decisiones · Gestión del cambio · Lealtad institucional · Pensamiento estratégico · Empatía · Gestión emocional · Ambición · Humildad · Pasión · Creatividad · Agilidad · Flexibilidad · Gestión de la incertidumbre

Cada una llega con su definición redactada, y esa definición es la que se discute. Dos personas que dicen valorar la «humildad» suelen estar hablando de dos cosas distintas hasta que alguien la escribe.

Cómo se trabaja

Tres sesiones presenciales y un sistema de evaluación en línea, con trabajo de análisis por detrás. La secuencia sube y baja de nivel a propósito: empieza y termina en la dirección, y en el centro pasa por todo el colectivo que ejerce el liderazgo.

  1. Medición de la culturaLo primero que se hace en la sesión con el equipo de dirección, antes de hablar de liderazgo. Cada persona reparte cien puntos entre cuatro tipos de organización en seis dimensiones, y lo hace dos veces: cómo es la organización hoy y cómo debería ser. La distancia entre las dos lecturas es el encargo real que va a recibir el modelo de liderazgo.
  2. Contextualización y lenguaje comúnFormación breve: liderazgo, poder y autoridad; dirigir frente a liderar; qué son funciones clave y competencias. Va antes de decidir nada a propósito, porque sin lenguaje común la discusión posterior se enreda en las palabras y no en los criterios.
  3. Definición y alcanceLa misma sesión. Se cierra qué es liderar en esta organización, a quién se llama líder y en qué niveles. Sale escrito y firmado, no como conclusión de acta.
  4. Funciones claveSe cruzan responsabilidades y competencias y se elige el conjunto corto que la organización va a exigir y a evaluar. Se decide también qué queda fuera, que es la mitad del trabajo.
  5. Criterios de evaluaciónCómo se va a medir, con qué escala y qué se hace después con el resultado. Se acuerda antes de medir, que es la única forma de que la medición no se discuta cuando llegue.
  6. Presentación del modelo a quienes lideranSistema de evaluación en línea, unos veinte minutos. Antes de preguntar nada se enseña el modelo: por qué existe el programa, qué ha acordado la dirección y qué significa exactamente cada función clave.
  7. Evaluación individualCada persona se valora en cada función clave, señala sus puntos fuertes y sus áreas de mejora y propone acciones. En privado, agregado y sin coste personal para quien responde con franqueza.
  8. Sesión de contrasteSe presentan los resultados agregados función por función, se ponen en común las reflexiones individuales y se consensúa una batería de propuestas de mejora. Formato de mesas, en una sola sesión, y funciona con colectivos de hasta un centenar de líderes.
  9. Plan de despliegue y programa de capacitaciónSesión de cierre con la dirección. De las brechas medidas salen acciones concretas, y de las acciones de formación sale el diseño del programa de capacitación propio.

Los tres instrumentos

Las tres piezas de participación se apoyan en una consola propia. No sustituyen la conversación: la sostienen. Aportan anonimato, agilidad y una lectura en tiempo real de por dónde va el grupo, y el trabajo sigue siendo el debate entre personas.

Por qué la cultura va antes que el liderazgo. El modelo no se escribe en el vacío: se escribe para llevar a la organización de donde está a donde quiere estar. Si la dirección declara que quiere una cultura más innovadora y la lectura de hoy sale marcadamente jerárquica, esa brecha es el encargo, y las funciones clave que se elijan después tienen que servirla. Medirla cuesta veinte minutos al principio de la primera sesión y evita escribir un modelo de liderazgo perfectamente correcto y perfectamente ajeno a lo que la organización necesita.

Por qué se miden dos cosas y no una. Medir solo el nivel de desarrollo produce una lista de debilidades sin jerarquía, y la organización acaba formando en lo que peor puntúa aunque sea irrelevante. Al medir también la importancia aparece la única pregunta que sirve para decidir: qué competencias son a la vez críticas y flojas. Ese cruce, y no el ranking de notas bajas, es lo que ordena el programa de capacitación.

Qué sale del programa

Qué lo hace distinto

El modelo lo escribe la organización

No traigo un modelo de liderazgo y lo adapto. Traigo el método para que el equipo escriba el suyo. Un modelo recibido se cumple mientras se recuerda; uno acordado se defiende.

La formación va antes de la decisión

La primera sesión empieza con conceptos, no con un formulario. Discutir si hace falta más liderazgo sin haber distinguido antes poder de autoridad es una conversación que no llega a ninguna parte.

Se mide lo desarrollado y lo importante

Por separado y en dos escalas. Es lo que permite formar en lo que hace falta en lugar de formar en lo que puntúa bajo.

El colectivo contrasta lo que escribió la dirección

El modelo no se publica y ya está: se somete a quienes tienen que ejercerlo, en una sesión donde se puede discutir. Si no sobrevive a esa sala, no iba a sobrevivir al año siguiente.

Cabe todo el colectivo en una sola sesión

La evaluación y el contraste se han hecho con colectivos de hasta un centenar de líderes sin partirlos en grupos. Y el nivel de consenso que se alcanza sorprende: cuando la gente ha valorado antes en privado y ve los datos agregados delante, el acuerdo sobre qué falla llega mucho antes de lo que la dirección esperaba.

Termina en un programa, no en un informe

El entregable final es el diseño de la capacitación. Un diagnóstico de liderazgo sin programa detrás produce conciencia de un problema y ninguna herramienta para resolverlo.

La evaluación es anónima de verdad

Individual, agregada y sin trazabilidad a personas. Es la condición para que alguien reconozca por escrito que no sabe dar feedback, que es exactamente el dato que hace falta.

Para quién funciona

Dónde se ha desplegado

Cómo se contrata

Qué pone tu organización

Cómo se cierra

El alcance y las condiciones se fijan en una conversación previa, a partir del tamaño del colectivo de líderes, del número de sesiones y de si hace falta acompañamiento posterior en la implantación del programa de capacitación. Cada encargo se presupuesta sobre eso.

Hablemos de escribir vuestro modelo de liderazgo
Joaquín Romero Roldán · Consejero-asesor independiente joaquinromero.com