JR

Despliegue del plan de liderazgo

Escribir el modelo era la parte fácil

El modelo de liderazgo termina en un plan de acción consensuado. Esto es lo que viene después: convertirlo en cosas que ocurren. Las acciones visibles, con responsable, coste y fecha. Y las decisiones de organización que el modelo identificó —desarrollo del talento, reingeniería de procesos, evaluación del desempeño, relación de puestos— que son las que de verdad cambian las reglas del juego.

Dirijo el despliegue y lo ejecuta la organización: aporto el método, las plantillas, el criterio y la conducción de las sesiones; los planes los escribe y los firma quien va a vivir con ellos. Es la fase que sigue al modelo de liderazgo, no una consultoría de organización que pueda contratarse en el vacío.


Cuál es el problema

Un plan de acción consensuado por todo un colectivo tiene una vida media de unos seis meses. Pasado ese tiempo, si nadie lo presupuestó y nadie puso su nombre al lado de cada acción, la organización concluye que aquello fue un ejercicio.

El modelo de liderazgo hace un trabajo que casi ninguna organización hace por su cuenta: pone por escrito qué se espera de quien dirige un equipo, mide cómo se ejerce hoy y produce una batería de propuestas que los propios líderes han consensuado. El problema es que ahí termina. Lo que sale de esa sala es una lista, y una lista no es un plan.

La distancia entre las dos cosas es casi siempre la misma, y son casi siempre los mismos cuatro huecos.

El punto de partida

Este servicio no inventa acciones. Ejecuta las que el modelo ya identificó. Las que no salieron de ahí, no entran.

Es una limitación deliberada y conviene decirla la primera. Una acción que no ha salido del diagnóstico y de la evaluación no trae detrás ni el dato que la justifica ni el consenso que la hace ejecutable. Se puede proponer, se puede incluso tener razón al proponerla, y aun así la organización la vivirá como una idea del consultor. Las que salieron del modelo son suyas, y esa diferencia decide si se hacen o no.

Por la misma razón hay que haber recorrido antes el camino: un modelo de liderazgo definido, evaluado y con un plan de acción cerrado. Si tu organización tiene el suyo propio —lo haya hecho quien lo haya hecho— y ese modelo llegó hasta la evaluación y hasta el plan, sirve como punto de partida. Si no lo hay, hay que hacerlo antes. No es una condición comercial: es que sin él no hay nada que desplegar.

Las dos líneas que se despliegan

El plan de acción que sale del modelo contiene siempre tres tipos de cosas, y aquí se despliegan dos. La tercera, la formación, tiene su propio camino y su propio método.

Por qué el orden es siempre el mismo. Se priorizan primero los planes de organización que más impactan en las funciones clave peor valoradas, y se combinan con acciones visibles para mantener la tracción. No es una preferencia estética: los planes de organización tardan meses en dar señal, y una organización que no ve nada durante meses deja de creerse el proyecto. Las acciones visibles dan señal en semanas y no cambian ninguna regla por sí solas.

Una sin la otra falla de las dos maneras conocidas: mucho movimiento y ninguna regla nueva, o muchas reglas nuevas y nadie que se las crea.

El plan de desarrollo del talento

Es la pieza más grande de la línea de organización y la que más veces aparece en los planes de acción, aunque casi nunca con ese nombre. Un plan de acogida, un sistema de evaluación del desempeño, un mapa de conocimiento crítico y una carrera profesional que no obligue a subir de puesto no son cuatro iniciativas sueltas: son cuatro tramos del mismo ciclo. Tratarlas por separado es lo que hace que ninguna acabe de funcionar.

  1. AtracciónQué tipo de talento necesita esta organización, cuál está disponible dentro y fuera, y qué puede ofrecer de verdad a cambio. Tres preguntas que casi nunca se hacen antes de publicar un anuncio de empleo, y que determinan si el proceso va a servir para algo.
  2. SelecciónEmpieza por la estrategia y por los procesos, no por el puesto vacante. Se identifican los procesos críticos, los sobredimensionados y los invisibles pero clave; se separa el puesto formal del rol real y del perfil necesario; se miran las cargas de trabajo; y solo entonces se decide si se cubre desde dentro o desde fuera, con una regla escrita antes de que aparezca el candidato.
  3. Acogida, retribución y desempeñoQué tiene que entender y qué tiene que aportar una persona a los treinta, a los noventa y a los ciento ochenta días. Qué se paga, qué no se paga y con qué criterio. Y qué se evalúa: qué se espera de cada rol, qué ha aportado la persona, en qué condiciones lo ha hecho y —la pregunta que suele faltar— qué decisiones se derivan de ello.
  4. AprendizajeEl paso del plan de formación al sistema de aprendizaje: quién traduce la estrategia en agenda de aprendizaje, cómo se aprende mientras se trabaja y qué aprendizajes se decide expresamente no priorizar. Es la bisagra con el programa de capacitación, si el plan pedía uno.
  5. Desarrollo y sucesiónQué significa crecer aquí sin tener que subir de puesto, qué opciones reales existen y qué se espera para acceder a ellas. Y el mapa de conocimiento crítico: qué roles no pueden quedar vacíos ni improvisados, qué pasaría si esa persona no estuviera mañana, quién podría asumirlo con la preparación adecuada y qué hay que hacer hoy para que eso sea posible.

Reingeniería antes de contratar

El problema no suele ser la falta de talento. Suele ser el diseño del trabajo.

Antes de decidir si se cubre una plaza, se mide en qué se va el tiempo de los roles críticos, repartido en tres categorías: tareas de valor estratégico, tareas necesarias pero no estratégicas, y fricción —retrabajo, burocracia y decisiones mal diseñadas—. El reparto sorprende siempre, y casi siempre en la misma dirección.

Con ese dato encima de la mesa, contratar deja de ser la primera opción y pasa a ser la cuarta. Antes hay tres decisiones que tomar, una por una:

Cada decisión se justifica por escrito con tres cosas: impacto en la estrategia, impacto en las personas y riesgo que se asume. Contratar sigue siendo una opción perfectamente legítima. Lo que deja de serlo es que sea la primera.

Puesto formal, rol real y perfil necesario

El organigrama dice una cosa, el trabajo real dice otra, y lo que hace falta para hacerlo bien dice una tercera. Poner las tres en columnas para cada proceso crítico es un ejercicio de un par de horas que descubre siempre lo mismo: roles duplicados, roles huérfanos —tareas de las que no es responsable nadie— y roles estrella, personas que sostienen un proceso entero sin que su puesto lo reconozca ni su retribución lo refleje.

En una administración pública ese cuadro es el material de partida para tocar la relación de puestos con argumentos, en lugar de hacerlo con la inercia de las plazas que van quedando vacantes.

Tres señales de mal diseño del trabajo. «Los mejores siempre están saturados.» «Los procesos dependen de héroes.» «Las decisiones se retrasan sin motivo técnico.» Las tres se comentan en los pasillos de casi cualquier organización y las tres se interpretan como un problema de personas. No lo son: son síntomas de trabajo mal repartido, y se corrigen rediseñando, no contratando.

Cómo se trabaja

Tres horizontes, con una decisión al final de cada uno sobre si se sigue, se ajusta o se para. La duración total depende de cuántas acciones tenga el plan y de si la línea de organización incluye o no la relación de puestos.

  1. 0 – 3 mesesAhora: convertir la lista en un planCada acción del plan original recibe responsable, coste, fecha e indicador, o se descarta por escrito. Se lanzan dos o tres acciones visibles y se comunica el modelo y el plan a todo el colectivo de líderes, no solo al comité. Al final de este tramo la organización tiene que haber notado algo concreto.
  2. 3 – 9 mesesCorto plazo: las decisiones de organizaciónArranca el plan de desarrollo del talento por los tramos que el diagnóstico señaló —habitualmente acogida, desempeño y reconocimiento— y se inicia la reingeniería de los procesos prioritarios. Si el plan pedía programa de capacitación, aquí se diseña y se pilota la primera edición.
  3. 9 – 18 mesesConsolidación: alinear lo que se decideDesempeño, carrera y reconocimiento se vinculan a las mismas funciones clave que definió el modelo. Sin esa coherencia, el modelo convive con un sistema de incentivos que premia lo contrario y acaba perdiendo. Se establece además la revisión periódica del modelo, para que no envejezca en silencio.

Qué sale del despliegue

Qué lo hace distinto

Solo despliega lo que el modelo identificó

Si una acción no salió del diagnóstico y de la evaluación, este servicio no la implanta. Renuncio deliberadamente a proponer lo que se me ocurra: sin el dato y el consenso detrás, cualquier propuesta es una idea del consultor y se ejecuta como tal.

Contratar es la cuarta opción, no la primera

Antes hay que decidir si el rol se elimina, si el proceso se rediseña o si la tarea se automatiza. La secuencia parece obvia escrita y casi nunca se sigue.

Las acciones visibles van primero, y no por ser fáciles

Van primero porque los planes de organización tardan meses en notarse y la credibilidad del proyecto no aguanta ese silencio. Es una decisión de secuencia, no de comodidad.

El organigrama no es el mapa

Puesto formal, rol real y perfil necesario son tres cosas distintas, y ponerlas en columnas es lo que hace aparecer los roles duplicados, los huérfanos y los que sostienen un proceso sin reconocimiento.

Crecer sin tener que subir de puesto

Cuando la única carrera posible es la vertical, el talento con potencial se queda sin expectativas y se va en silencio. Definir opciones reales de crecimiento horizontal es barato y casi nadie lo hace.

Dirijo el trabajo; lo escribe la organización

No entrego el plan de talento redactado. Lo redacta el equipo que va a mantenerlo, con mi método y mi criterio en la sala. Un plan escrito por un tercero se aplica mientras dura el contrato.

Se documenta lo que se descarta

Descartar una propuesta consensuada exige explicar por qué, y ese documento vale tanto como el plan. Es lo que evita que la lista original se convierta en una deuda permanente.

Termina en decisiones, no en un informe

Cada horizonte se cierra con una decisión de la dirección sobre si se sigue, se ajusta o se para. Un despliegue que no obliga a decidir es un despliegue que se puede posponer indefinidamente.

Dónde termina este servicio y dónde empiezan los de al lado

Es la pregunta razonable si has leído las otras páginas: hay varios servicios que hablan de cambiar cómo funciona una organización. La frontera es nítida y conviene decirla en voz alta.

Para quién funciona

Cómo se contrata

Qué pone tu organización

Cómo se cierra

El alcance depende de cuántas acciones tenga el plan, de si la línea de organización incluye la revisión de la relación de puestos y de cuántos procesos entran en la reingeniería. Se fija en una conversación previa sobre el plan de acción concreto, y cada encargo se presupuesta sobre eso. Si el modelo de liderazgo no está hecho todavía, la conversación es otra y empieza por ahí.

Hablemos de desplegar vuestro plan
Joaquín Romero Roldán · Consejero-asesor independiente joaquinromero.com